dimanche, mars 01, 2009

Las mujeres brillan en la oscuridad

Las mujeres brillan en la oscuridad

Anoche Cibeles, blanca y vacía.
Hollywood con una densidad de población inaguantable. Dentro, el ruido que expulsa la gente se hace más agudo. A mi izquierda, dos turcos con relojes caros hablan y ríen sonoramente. Uno me mira, apoyado en el ventanal, entre bocado y bocado. Detrás de mí, una extraña pareja que habla a voces con su hijo de apenas tres años que se está portando bien. Y jóvenes extremadamente maquillados de adultos y una chica con al menos cincuenta y tres pulseras. Más allá, una mujer elegante que ríe sin emitir sonido y su marido. Para ellos parece no haber nada más allá de su lenguaje de signos. Los envidio. El turco sigue mirándome y me pregunto qué puedo tener de significativo: vaqueros y jersey de cuello alto y vale, labios cherry shiny 101 de maybelline NY, pero yo no presto atención a esas cosas. Fútbol en la tele y eso me evade, ver las treinta y siete pulgadas llenas de verde.
La cena, como siempre, condimentada en exceso. Lo peor es que he elegido yo el restaurante. Entonces a él le dan la mesa contigua a la nuestra, entran los niños y él se sienta con vistas a la tele. Es la mejor opción, la que yo elijo siempre. Cruzamos miradas antes de sentarse, después de sentarse y mientras los niños deciden hamburguesa y patatas, un clásico.
En mi mesa hablan de un nuevo centro comercial, en la suya no sé de qué habla con sus hijos. Sonríe y luego hace ademán de atusarse el pelo y vuelve a girarse hacia mi mesa, donde sigo defendiéndome en mi salsa teriyaki. Alrededor, se mantienen las conversaciones vacías flotando sobre nuestras cabezas y el fútbol mudo sobre el césped que no logramos oler.
Pronto comenzará el vals y las mesas cambiarán, como en un juego eterno, de protagonistas. Pronto saldrás. Pronto saldré al frío y será lunes, martes, jueves y elegiré otro bar al azar.
Tú elegirás el tuyo. Y existirá una posibilidad entre un millón de volver a coincidir en el tiempo y en el espacio.
Mientras, imagino un final alternativo en el que cuando salgo, me acerco a tu mesa para anotar mi número en una de esas servilletas cuadradas y decirte que por qué no probamos a abandonar el ruido ajeno y que de verdad tenemos tiempo -previo fin del horario infantil- de comprobar de una vez por todas cómo las mujeres brillamos en la oscuridad.

1 commentaires:

lito a dit…

Me ha encantado la descripción 360º congelada en el tiempo, que comienza a moverse cuando él entra en el restaurante. Me siento identificado con ese querer y no poder, que después me hace arrepentirme de no haber hecho algo capaz de cambiar el rumbo de los acontecimientos. Por cierto, tú seguro que brillas e iluminas la oscuridad.

Un beso.